COVID 19: Informe Anmistía Internacional sobre vulneraciones a personal de salud en Chile.

IA

Los primeros casos que reporta Chile de covid-19 son de marzo de 2020. Ante este escenario, el gobierno reaccionó principalmente suponiendo un alza en los contagios: tomó medidas para aumentar la capacidad hospitalaria, la cantidad de camas disponibles y también de ventiladores mecánicos.

En sus reportes diarios acerca de la evolución del virus en el país, un dato que relevó desde muy temprano fue el saldo de ventiladores mecánicos disponibles en el sistema de salud nivel nacional.

Además, el gobierno anunció en abril de 2020, que todos los ventiladores mecánicos, ya sean del sistema público o privado, se gestionarían como un único sistema integrado para asegurar que toda persona que lo necesite pueda acceder a este.

El 12 de junio de 2020 se informó la cifra más alta de contagios diarios que ha habido hasta ahora con 6.754 nuevos casos. Apenas unos días después, el 27 de junio, se informó la cifra más alta de fallecidos con 279 decesos por covid-19.

La actual cifra agregada de contagios y fallecidos (a 12 de agosto) posiciona a Chile como uno de los países más afectados por el virus en el mundo con un total de 378.168 personas contagiadas y 10.402 fallecidas confirmadas con test PCR (sin incluir casos sospechosos), estando actualmente entre los 10 primeros países según cantidad de fallecidos por millón de habitantes

Desde el 14 de abril de 2020, en que el gobierno empezó a incluir en su reporte diario el dato del saldo de ventiladores mecánicos disponibles a nivel nacional, e incluso en estos peores momentos en junio, el saldo informado nunca llegó a cero.

Por esto mismo, en la cuenta pública presidencial del 31 de julio de 2020, el presidente Sebastián Piñera señaló que el sistema de salud respondió, especificando: “todos los chilenos podemos estar orgullosos, porque nuestro sistema de salud ha cumplido siempre con su misión, de prestar la debida atención médica que los enfermos necesitan (…) hemos podido cumplir nuestro compromiso de dar a todos la atención médica, los tratamientos críticos y la ventilación mecánica que han necesitado”.

No obstante, ver solo los grandes números agregados a nivel nacional oculta la realidad en el terreno, por dos razones.

Primero, porque el sistema de salud no son solo camas y ventiladores. Su funcionamiento requiere de múltiples trabajadores/as capacitados/as, que no necesariamente aumentaron junto con las camas y ventiladores.

Y no hablamos de médicos/as solamente, sino de todos/as los/ las trabajadores/as que hacen que un hospital funcione y que las personas reciban atención digna y de calidad: enfermeros/as, kinesiólogos/as, TENS (técnicos/as en enfermería de nivel superior), paramédicos/as, tecnólogos/as médicos/as, personal administrativo, conductores de ambulancia, auxiliares de aseo, etc.

Estas personas han recibido reconocimientos de las autoridades, como el llamado a la ciudadanía a aplaudir a los/as funcionarios/as de la salud y agradecimientos en diferentes discursos oficiales, llamándoles incluso “héroes”; sin embargo, en muchas ocasiones, y especialmente en el sistema público, no han recibido una adecuada protección.

Y segundo, para muchas personas que trabajan en hospitales públicos, insinuar que “el sistema no colapsó” podría ser casi una burla. Hubo hospitales que sí colapsaron y que coinciden con aquellos que atienden a sectores más populosos y de menores recursos.

Quizá el sistema no colapsó para todas las personas en Chile, pero sí colapsó para las más pobres.

Así lo demuestra el primer informe epidemiológico del gobierno con desglose de información por comunas donde se evidencia que la mayor cantidad de muertes afecta especialmente a comunas más precarizadas como: Puente Alto (542), La Florida (451) y Maipú (370), entre otras.

Mirando las tasas de mortalidad separadas por hospital o clínica, de acuerdo a información obtenida por un medio de prensa a través de reportes oficiales, el Hospital Padre Hurtado registraba una tasa de mortalidad del 25,1%, el Hospital San José un 21,3%; el Hospital Salvador un 20,1%; la ex Posta Central un 17,7%; el Hospital San Juan de Dios un 18%; y el Hospital Sótero del Río un 10%. En cambio, en clínicas privadas, desde el Grupo Banmédica (clínicas Santa María, Dávila, Vespucio, Vidaíntegra y otras dos fuera de la RM), señalaron que su tasa promedio era de 8,9%, la Clínica Universidad de Los Andes un 9,7%, y la Clínica Indisa señaló tener una tasa de mortalidad hospitalaria de 12%.

Por otra parte, según el Ministerio de Salud son más de 17 mil los/as trabajadores/as de esta área contagiados con covid-19, y los más afectados han sido, en el siguiente orden: los técnicos de salud, enfermeros/as, médicos cirujanos, auxiliares y administrativos.

Aquí nuevamente, se ven las desigualdades sociales: al 30 de mayo, había tres servicios de salud que lideraban en contagios de trabajadores/as de la salud: Servicio Metropolitano Sur Oriente (que incluye los hospitales Sótero del Río,de La Florida, Padre Hurtado y San José de Maipo), el Servicio de Salud Metropolitano Sur (hospitales Exequiel González Cortés, Barros Luco, El Pino, San Luis de Buin, El Peral y Lucio Córdova) y el Servicio de Salud Metropolitano Norte (hospitales San José, Roberto del Río, Instituto Nacional del Cáncer, Psiquiátrico y Comunitario de Til Til).

En cuanto a las personas fallecidas, según la información difundida por medios de comunicación y gremios del sector, alcanza a la fecha a 26, administrativos/as, paramédicos/as (al menos1), auxiliares de vigilancia (guardias, al menos 2), conductores de ambulancia (al menos 4),técnicos en enfermería (al menos 4) y médicos/as (al menos 9).

Al menos 12 de las personas fallecidas trabajaban en centros de atención primaria.

Como sociedad, especialmente desde las autoridades, debemos cuidar y proteger a los/as trabajadores/as de la salud porque además de que tienen derecho a que así sea, si ellos/as no están protegidos/as debidamente, nadie lo está.

El personal de la salud puede tener la mejor voluntad y ser profesionales brillantes, pero si está trabajando al límite de sus capacidades, sin descanso, temiendo contagiarse, contagiándose derechamente e incluso falleciendo; es difícil que la calidad de la atención se sostenga. Así, se vulneran por igual los derechos de quienes atienden y de quienes reciben atención.

Lamentablemente, una parte de esto no es nuevo ni es atribuible solo a la covid-19. Los hospitales públicos colapsan casi todos los inviernos debido a las enfermedades estacionales.

La pandemia adelantó el momento del año en que ello sucedió y agravó sus efectos, visibilizando claramente la necesidad de una reforma estructural del sistema público de salud en Chile.

Por otra parte, es evidente que muchas desigualdades propias de la sociedad chilena se han reproducido tristemente en el sistema de salud y se han agudizado debido a la pandemia.

Claro está que las carencias preexistentes requieren una reforma estructural. Sin embargo, el gobierno debe con urgencia tomar las medidas necesarias para que no se vuelva a poner en riesgo los derechos básicos y seguridad de los/as trabajadores/as de salud.

Al momento de cerrar este documento, los casos de contagio en el país van en disminución y en algunas comunas se han relajado las medidas restrictivas de acuerdo a lo que el gobierno ha llamado un “Plan Paso a Paso”.

Sin embargo, y como lo muestra la experiencia de otros países, existe la posibilidad de nuevos rebrotes. A ello se suman situaciones nuevas: personas enfermas crónicas que han postergado sus tratamientos, personas que han retrasado cirugías y/o exámenes de control, personas que han tenido la covid-19 y que siguen lidiando con sus efectos, etc.

Volver a enfrentarse a una situación como la que ya vivió el país ante posibles nuevos peak, y además con un personal de la salud cansado, desprotegido y agobiado física y emocionalmente, es injusto y peligroso, no solo para ellos/as sino para la población completa.

El virus no está controlado. El desgaste actual del sistema de salud público es inmensamente mayor y la posibilidad de llegar de nuevo a un punto de colapso podría ser solo cuestión de tiempo y con consecuencias que podrían ser peores.

Descargar Informe aquí:  YANOPODEMOSSERPACIENTES (1)

 

EGM/Editor Colegio/Internacional

 

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